29.10.09 La estabilidad de Uruguay atrae a los inversores en agricultura

Los extranjeros que han invertido millones de dólares en cultivo de soja y ganadería en Uruguay afirman que "al ser un país pequeño rodeado de dos grandes naciones como Brasil y Argentina, Uruguay cree con firmeza que la única manera de sobrevivir es mirando al exterior y conseguir inversiones", dijo Carlos Miguel de León, de la empresa neocelandesa New Zealand Farming Systems Uruguay.

El clima templando de Uruguay y el precio barato de la tierra atrajeron la atención de la empresa matriz PGG Wrightson, pero De León dijo que la reputación del país como una de las economías más estables de la región era uno de sus mayores atractivos.

Compañías agropecuarias argentinas como El Tejar y Adecoagro, de George Soros, han comprado grandes extensiones de tierra en el país de 3,3 millones de habitantes.
Empresas extranjeras como la brasileña Marfrig también han invertido en frigoríficos y curtiembres, pero es la compra de tierras lo que ha caracterizado a Uruguay.

"Lo más llamativo tal vez desde el punto de vista internacional es la compra de tierras (...) porque no ha habido compras tan masivas por todos lados", dijo Martín Buxedas, funcionario del Ministerio de Ganadería.

La venta de tierra a inversores extranjeros alcanzó niveles récord en los últimos cinco años, dijo José María Elorza, director del departamento de estudios económicos de la Asociación Rural del Uruguay.

Elorza dijo que los compradores extranjeros han estado relacionados con entre el 20 y 30 por ciento de los tratos por tierras en los últimos cinco o seis años. Muchos argentinos pero también fabricantes de papel europeos y chilenos han comprado tierras para forestar.

En la mayor inversión de una compañía en la historia de Uruguay, la finlandesa Metsa-Botnia gastó 1.200 millones de dólares para construir una fábrica de celulosa que comenzó a funcionar en noviembre del 2007. Un consorcio chileno-finlandés prevé levantar otra fábrica en el país. 

 Los precios de la tierra en Uruguay solían estar rezagados comparados con sus vecinos, pero el interés desde el exterior los elevó hasta cuatro veces más.

El analista Eduardo Blasina, de Montevideo, dijo que los costos de las mejores tierras para cultivar soja ascienden a 8.000 dólares por hectárea, desde los 2.000 dólares en el comienzo de la década.

"El impacto fue enorme en por los menos dos variables, primero en el precio de la tierra, que se multiplicó por tres o cuatro según la zona, y el impacto en la producción también, porque los argentinos vinieron con el sistema de ellos y lograron adaptarlo en zonas importantes de Uruguay", explicó.

La soja ocupaba menos de 30.000 hectáreas en 2001-2002, pero esta temporada los agricultores pudieron dedicar hasta 700.000 hectáreas al cultivo. La producción de trigo también aumentó repentinamente para cubrir los espacios dejados por los exportadores argentinos.