05.07.09 Montevideo: Construyendo una ciudad amigable Accesibilidad y ahorro energético comenzarán a ser norma para las obras nuevas

Con nuevas normativas para las futuras edificaciones, Montevideo comenzará paulatinamente a convertirse en una ciudad más respetuosa del ambiente y las discapacidades. Más rampas, menos gasto de energía y otros detalles que hacen la diferencia.
Si está bien hecho, casi no se notará. Un pasamanos cuando uno necesita apoyarse, una manija cuando necesita agarrarse, señalización clara, ausencia de obstáculos en el camino son algunas de las disposiciones que comenzarán a ser aplicadas para que los espacios públicos puedan ser utilizados con más comodidad por parte de personas discapacitadas.
Otro cambio esencial pero sutil será la exigencia de un aislamiento térmico mínimo en las edificaciones, que se podrá percibir apenas como una mayor comodidad: menos necesidad de calefacción en invierno y de aire acondicionado en verano, y una disminución del gasto en la cuenta a fin de mes. En el paisaje de las azoteas, de a poco, también es posible que vayan apareciendo más colectores solares inclinándose hacia el norte, y más edificios preparados para recibirlos.
Con dos normativas municipales sobre accesibilidad y ahorro energético y un proyecto de ley sobre energía solar se obliga a la ciudad a ir incorporando más elementos a su diseño y construcción. Y se espera que las primeras experiencias demuestren y multipliquen las ventajas de una arquitectura que contemple las distintas capacidades de las personas o la interacción con el clima y los recursos naturales.
ACCESIBLE. En marzo entró en vigencia la reglamentación de la Intendencia para obra nueva y refracción, con la que de a poco se irán incorporando elementos que tengan en cuenta el amplio tipo de personas que hacen uso de los espacios y servicios públicos. Eso no implica hacer un diseño para cada persona, sino contemplar los extremos. Así, por ejemplo, la altura de los bebederos y de los comandos en un teléfono público estarán pensados para los más bajos, mientras que las aberturas y lugares de circulación deberán tener espacio suficiente para que pase el más alto, incluso si es ciego, sin golpearse con carteles o papeleras.
Un trabajo común entre el instituto uruguayo de normas técnicas UNIT, la Sociedad de Arquitectos de Uruguay (SAU) y la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) culminó con la redacción de la nueva normativa sobre la construcción, que afecta a vías de circulación, espacios públicos, edificios y equipamiento urbano (ver recuadro).
"Se exige según el destino y en función de parámetros como número de concurrentes o de funcionarios. Se empezó para grandes comercios o complejos de vivienda", explicó la arquitecta Teresita Amarillo, coordinadora de la comisión de accesibilidad de la SAU.
"Luego, a medida que se ve que existen espacios donde podés entrar, usar los baños y circular en condiciones de seguridad y autonomía, la gente se va a dar cuenta de que es bueno y ventajoso, no sólo para personas con discapacidad, también para niños, obesos, personas mayores, embarazadas a término... Todos en algún momento podemos tener dificultades para trasladarnos o mantener el equilibrio", señaló Amarillo.
La accesibilidad no se reduce sólo a rampas para subir escalones. Por ejemplo, las puertas que se abren con un sistema de palanca son más accesibles que las que tienen un pomo, que implica un movimiento más complejo. Por eso, un edificio accesible implica que tenga desde una grifería simple y manijas para sostenerse en el baño hasta mostradores de atención que permitan a alguien con silla de ruedas ver a quien lo atiende, ejemplificó Amarillo.
Actualmente, la accesibilidad no forma parte explícita de la currícula de la Facultad de Arquitectura, aunque el tema es tratado por iniciativa de algunos docentes y talleres, y se han realizado cursos complementarios de introducción a la temática por parte de SAU y UNIT.
ENERGÍA. "Nuestros espacios construidos poseen las características que los norteamericanos califican como edificios `pre-oil crisis`: los reglamentos de las intendencias no poseen exigencias del punto de vista del consumo de energía, los arquitectos no proyectamos pensando en el gasto de energía que va a tener el edificio en su larga vida útil, minimizamos la importancia de las formas pasivas de calefaccionar o refrigerar, etcétera", señala la comisión de eficiencia energética de la SAU en su página web.
Este desinterés por la relación de la edificación con el ambiente es relativamente reciente. "A partir de que se creó el aire acondicionado y creció el optimismo sobre la capacidad de controlar el clima interno del edificio por medios artificiales, la arquitectura se empezó a separar de las formas naturales de regulación, que con la crisis energética se están volviendo a revalorizar: el cuidado con las orientaciones, los elementos vidriados, cerramientos opacos con aislamiento térmico, utilizar la ventilación natural para refrescar... Son cosas muy simples pero que se dejaron de hacer", señaló la arquitecta Alicia Mimbacas, integrante de la comisión de energía de la SAU y del grupo Mesa Solar.
De esta manera, a nivel mundial se incrementó el consumo de energía por parte de los lugares destinados a vivienda y servicios públicos. En Uruguay, los edificios implican el 38% de la energía que se consume, según datos de la SAU.
Una reglamentación municipal que se aprobaría próximamente va a exigir elementos mínimos de aislamiento térmico y adaptación climática. La norma está recibiendo una última revisión por parte de la división de jurídica, tras lo cual se aprobaría, informaron en la IMM.
En ella se exige para la nueva edificación destinada a vivienda "un determinado valor mínimo de cerramiento térmico para muros y techos, que las ventanas al sur tengan vidrio doble y se limitan las superficies vidriadas de los edificios", ejemplificó Mimbacas.
El tema del aislamiento térmico ya está absolutamente integrado en la currícula en las facultades de arquitectura. El obstáculo que para su implementación era la inversión. "El costo de aislamiento térmico está en el entorno del 2% al 5% del costo total, y se recupera luego con el descuento en la tarifa de consumo. Lo que pasa es que quien construye no es quien habita, eso es una barrera en todos lados", señaló.
Luego de la puesta en vigencia de la normativa, es de esperar que las exigencias vayan creciendo. "En otros países la normativa se va haciendo más exigente. El indicador de la cantidad de calor que deja pasar un cerramiento puede ser cada vez más bajo", contó Mimbacas.
Un segundo paso sería incorporar elementos para que el edificio sea generador de energía. Aunque el proyecto de ley sobre energía solar sólo obligaría a clubes, hoteles y sanatorios a incorporar colectores solares, su instalación puede promover el uso en los hogares. A su vez, ello conllevaría cambios en el diseño. "Hoy la arquitectura no responde formalmente a esas instalaciones, y quedan un poco descolgadas. Los colectores tienen que estar en un plano inclinado, mirando hacia el norte. Cuando los arquitectos se familiaricen con la tecnología, los techos tendrán esa inclinación", señaló.
Mimbacas citó al arquitecto español Ruiz Larrea, que señala que el tema energético tiene que dejar de ser una prótesis de los edificios y pasar a ser parte integral de su diseño. Algo similar sostuvo Amarillo. "La idea es que la accesibilidad no debe ser un añadido. Lo ideal es que forme parte del edificio o el entorno urbano", dijo. Los cambios en la normativa podrían colaborar a generar ese cambio.
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